Domingo 15 de noviembre, salió el sol y levantamos campamento. Posteriormente desayunamos y partimos rumbo al vértice que les comentaba en la entrada anterior. Corroboramos que el ascenso al segundo Picacho quedaría para otra salida.
El mapa marca el arroyo Piedras blancas, y sale al poblado de San Antonio Matute. Así que decidimos seguir su cause, aún sin agua a esa altura, caminando sobre una cama de arena. Pero a pocos minutos nos encontramos con lo que temíamos: desniveles pronunciados por donde se forman cascadas en tiempos de lluvia.
El primer desnivel fue de 20 metros por lo menos. Después de bajar con cuidado al segundo subnivel, sentí la adrenalina y volví a subir como pude, ganándome en un susto un par de espinas al agarrar un nopal seco para apoyarme.
Arroyo Piedras Blancas en el vértice de
dos picachos, pendientes poco mayor de 45º
dos picachos, pendientes poco mayor de 45º
El primer desnivel fue de 20 metros por lo menos. Después de bajar con cuidado al segundo subnivel, sentí la adrenalina y volví a subir como pude, ganándome en un susto un par de espinas al agarrar un nopal seco para apoyarme.
Rodeamos y bajamos como pudimos, de forma paralela al arroyo, y volvimos a entrar al mismo mas adelante.
Mientras caminábamos, la vegetación iba cambiando poco a poco. La vegetación del tipo subcaducifolio comenzaba a aparecer. De repente nos encontramos con el salto o desnivel mas alto, como de 70 metros. Fotos y a rodear de nuevo...
Entramos de nuevo al arroyo, parecía interminable el descenso: vueltas, pequeños saltos, pedazos con agua, zorrillo muerto, sombras en las pequeñas cuevas en las paredes de los lados del arroyo, una iguana enorme, algunos hundimientos en la arena, atorones en las lianas con las mochilas, resbalones, pequeñas caídas, calor aumentando, mas arbustos y plantas espinozas...
Encontré muy buenos lugares para observar fauna por el arroyo, lástima que no iba con ese objetivo en esta salida.
Por fin, cuando el ganado con un buen número de integrantes nos taparon el arroyo, y ya nos estábamos preparando con piedras para asustarlas y arriarlas, apareció un señor a caballo, quien nos dijo que ya nos faltaba muy poco para salir a la brecha que nos acercaría a San Antonio. El señor estaba bajando ganado del cerro y las llevaba a sus corrales. Unos 300 metros mas adelante, ya nos encontrábamos caminando por la brecha por otros tres kilómetros. Llegando a las vías del tren, continuamos hacía otra brecha mas adelante, perpendicular a las vías, y descansamos esperando a que llegaran por nosotros y nos llevaran de regreso a Puerta de la Vega.
Así terminó esta volanta, que aunque no se cumplió con el objetivo original de llegar hasta Ahualulco, disfrutamos de bellos paisajes, aprendimos un poco mas de como preparanos mejor para que a la siguiente no nos detenga el cansancio, y sobre todo, de que me deja una espina para regresar las veces que sea necesario para conocer mejor el Cerro Grande de Ameca, fuente de agua para muchos pueblos en los alrededores.
El segundo Picacho, destino original del primer día, alberga un par de cruces y una casa, vacía, para los visitantes que lleguen hasta ahí. En la casa deshabitada, hay cobijas y comida no perecedera para los que gusten quedarse... y eso, Dios mediante, lo tendré que comprobar con mis propios ojos.
